[Capitulo I] El consumo como problemática

•abril 7, 2007 • 9 comentarios

Consumir es una operación cotidiana e imprescindible que está ligada a la reproducción material pero también espiritual (cognitiva, emocional y sensorial) de los individuos. Es un acto ordinario ligado al desarrollo vital y es el objetivo de ese intercambio incesante de los hombres con la naturaleza que llamamos trabajo.
Una actividad tan imprescindible, ¿porqué esta sometida a menudo a un enojoso escrutinio moral? La pregunta debe responderse antes de iniciar una reflexión crítica sobre el consumo.
Elaborar un discurso crítico sobre esta actividad de reproducción y expansión del individuo no puede reducirse a interpretar la como deseo (es decir como un impulso que supera el uso necesario e instrumental), para a renglón seguido, clasificar ese deseo como patología o desviación. Si se realiza esa pura operación no se comprenden las dinámicas sociales del consumo, en su compleja relación con la subjetividad del individuo lanzado a la incertidumbre de vivir en las sociedades neoliberales del capitalismo globalizado.

La crítica del consumo como deseo no debe provenir de una mirada puritana. Ella debería provenir de una crítica interna de ese deseo, que muestre cómo agobia o esclaviza o fragmenta. Sólo después de intentar esa anatomía es posible hacer la crítica externa del consumo. Ella consiste básicamente en la revalorización de otros deseos desplazados por la instalación del consumo.

Sobre [Moulian] y su libro “El consumo me consume”.

•marzo 3, 2007 • 70 comentarios

 

 

 

 

 

Hey tu arribista de mierda, me cago en tu moral.

Que tal mi protocolo, ¿te hice sentir mejor?

[Weichafe]

 

 

 

 

Tomás Moulian.

 

“Moulian tiene una clara vocación de aguafiestas en un país que, sin embargo, no destila gota alguna de alegría, satisfecho de vivir el tango de una existencia discreta y, lo que resulta peor, aburrida. Somos hijos del bostezo

La fiesta chilena que desmitifica Moulian, a la cual no todos están invitado, constituye en rigor el espectáculo de una sociedad tercermundista, atrasada a pesar de sus presunciones zoológicas, que se consume a sí misma a través del deseo de tener. No recuerdo si Marcuse, en sus pesimistas hipótesis de los años sesenta, incluía la situación de los países periféricos. En cualquier caso, hoy Moulian da cuenta de ese estado de cosas respecto a Chile, subrayando como símbolo la presencia del mall, santuario mayestático del consumo, que hace a ricos y pobres, como en las hermosas películas, una familia bienvenida.

Lamentablemente, el país es otro. Es quizás el país sin nombre que señalaba la Mistral, escondido en cada uno, donde perseveran de la dictadura, al igual que una herida en el alma, las contradicciones de una realidad enferma, no obstante que, como dicen los entendidos del neoliberalismo, unos profesos y otros vergonzantes, la fiesta promete seguir siendo buena, hoy, mañana y pasado en sesíon continua.

Dulce patria recibe los votos.”

 

Por: Germán Marín

 

 

 

 

 
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